Marco grande

El ocaso de los históricos

El fútbol cuenta con incontables deportistas que son estandartes de excelencia a lo largo del planeta. Cada jugador representa al deporte rey de una forma distinta expresando su autenticidad tanto dentro del terreno de juego como fuera de este. Algunos llevan el mismo escudo en el pecho toda su carrera, como Maldini; otros se jactan de haber jugado en los mejores clubes del mundo, como Ronaldo Nazario.

Sin importar a qué tipo de jugador nos refiramos, todos deben enfrentar al mismo enemigo: la edad. Cada cumpleaños acerca a los futbolistas –cuyas carreras de por sí son relativamente cortas- a colgar las botas. La importancia de la juventud en el balompié recae meramente en el aspecto físico del ser humano. Mientras más joven se es, más resistencia se tiene, y por tanto mejor será el rendimiento del deportista. Si bien es cierto que ciertas posiciones y estilos de juego requieren mejor condición física que otros, usualmente el cumplir 30 años de edad indica la entrada a la recta final de la carrera de un profesional del balompié.

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El bajo rendimiento que comienzan a presentar los jugadores cuando se acercan al ocaso de su vida futbolística se convierte en un verdadero dolor de cabeza cuando de futbolistas “históricos” se trata. Cuando hablo de históricos no solo me refiero a leyendas, sino a jugadores de renombre tanto en su club como en su selección.

¿Por qué es un problema? Cuando un jugador deja de rendir a su máximo nivel simplemente se ficha un recambio y se relega al jugador a un segundo plano, ¿no? No. Son pocos los entrenadores que tienen el valor de “sentar” a un jugador amado por la afición. En la actualidad, uno de los pocos directores técnicos que ha logrado ejecutar casi a la perfección esta labor es José Mourinho.

En los últimos tiempos, Mourinho ha restado importancia en la cancha progresivamente a dos legendarios jugadores cuyo rendimiento había disminuido exponencialmente: Iker Casillas en el Real Madrid y Wayne Rooney en el Manchester United. Casualmente, ambos jugadores eran –o son, en el caso de Rooney- líderes del vestuario y capitanes de sus respectivos planteles. A Mourinho no le tiembla el pulso para hacer lo que conviene más para su equipo en vez de actuar en beneficio de jugadores individuales, sin importar qué tan buenos hayan sido en su mejor momento como profesionales.

Sustituir a jugadores cuyo rendimiento es pobre por otros más jóvenes y de mejor nivel podría cambiar abruptamente el curso de una temporada paupérrima, podría beneficiar a la plantilla tanto a corto como a largo plazo o bien podría resguardar el prestigio de un jugador mítico que se esté viendo afectado por críticas debido a su bajo nivel de juego, como ocurrió en el caso de Rooney. A los históricos siempre se les debe respeto, más no titularidad indiscutible.

 

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